El mundo de las franquicias representa, sin duda, una oportunidad bastante atractiva y ciertamente segura para muchos emprendedores. La posibilidad que brinda el poder gestionar tu propio negocio bajo la confianza y tranquilidad de una marca consolidada resulta muy tentadora, apostando así por un modelo de negocio que ya está afianzado, con reconocimiento de marca, y con el correspondiente apoyo corporativo.
Tras el modelo de franquicia se esconde todo un proceso o viaje emocional para la persona responsable de iniciar el proyecto, transitando diferentes fases que, si bien es verdad que no siempre se cumplen o son iguales en todos los casos, suelen compartir ciertos patrones comunes.
La fase inicial o luna de miel: entusiasmo y expectativas
Lo habitual es que arranquemos un nuevo proyecto con un elevado nivel de motivación. La decisión de abrir para un franquiciado suele acompañarse de emociones muy positivas, ya que se percibe como una oportunidad fantástica para lograr autonomía financiera, desarrollar habilidades empresariales y, en definitiva, construir un futuro estable.
Durante esta fase, sentimos que todo son facilidades: el sistema de franquicia está rodado, tenemos los materiales de marketing, el historial exitoso de otros franquiciados similares y las proyecciones económicas son optimistas.
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Precisamente esta ilusión es la que nos da empuje para gestionar todos los trámites administrativos, formarnos y abrir las puertas de nuestro negocio, sin que todo este proceso nos pese. Las expectativas de éxito se encargan de empujarnos y darnos energía.
Contacto o primer choque con la realidad
Tras la efusividad de la inauguración, comienza el verdadero reto: el día a día de la gestión empresarial. Pasada la emoción inicial, comprobamos que hay que seguir enfrentándonos a los desafíos habituales de cualquier negocio como son la gestión de personal, la atención al cliente, el inventario, las normativas, los gastos y los imprevistos.
Muchas veces la carga de trabajo suele ser superior a lo previsto y las expectativas financieras incluso pueden no cumplirse en los plazos que nos habíamos imaginado. Esto puede empezar a generar, en algunas personas, los primeros síntomas de frustración, al comprobar que la libertad empresarial no es tal y como imaginaban.
Adaptación o escalada del estrés
Una vez superado el primer periodo de actividad (que suele ser el primer año de vida del negocio), los caminos pueden tomar direcciones muy diversas según diferentes factores. Estos responden a los resultados financieros, el soporte que haya recibido la franquicia o incluso la red de apoyo personal que tenga el responsable del proyecto.
DATOS DE INTERÉS
Algunas franquicias logran estabilizar sus operaciones durante este primer año, adquiriendo experiencia en el proceso y consolidando el negocio al tiempo que establecen un ritmo de trabajo sostenible. Es el escenario más deseable, claro está, ya que en esos casos la confianza se refuerza, el estrés disminuye y la motivación continúa estable.
En otras ocasiones, los resultados económicos no se asemejan a la realidad, por no hablar de que pueden surgir conflictos de diversa índole, haciendo en resumen que el estrés se intensifique. Con ello, nos encontramos el escenario ideal para que los síntomas de desgaste emocional hagan su aparición, con fatiga crónica, irritabilidad o insomnio.
Se trata, en palabras de Beatriz Grimaldi, psicóloga sanitaria, especializada en trastornos del estado de ánimo, de la fase más vulnerable. “En primer lugar, [lo es] por el tiempo que llevamos con el negocio en marcha, aunque en fases anteriores puede haber también un choque entre las expectativas y la realidad, al ser una fase más inicial hay un continuo aprendizaje que ayuda a que sigamos mejorando y por tanto que la motivación siga más intacta. Sin embargo, pasado el primer año, empieza a haber un desgaste, ya que solemos invertir mucho tiempo y recursos para poder adaptarnos y regularnos emocionalmente”.
En estos casos, Grimaldi considera “imprescindible” ponerse límites a uno mismo, incluso desde fases previas: “Hay que tener en cuenta la necesidad de descanso y autocuidado, hacer una gestión óptima del tiempo y pedir ayuda si es necesario”.
La madurez empresarial: el negocio bajo control
Aquellos que logren superar las dificultades iniciales y estabilizar su negocio, llegarán a una fase de madurez. En ella el responsable de la franquicia habrá adquirido un alto nivel de conocimientos, sabrá anticiparse a los problemas y habrá desarrollado competencias de liderazgo consolidadas.
Todo se siente más estabilizado hasta tal punto que algunos franquiciados incluso pueden animarse a diversificar el negocio. Y es que desde el punto de vista emocional, esta fase suele ser la más equilibrada: aún existen retos, pero la sensación de control y de que el esfuerzo ha dado sus frutos ayuda a mantener la calma.
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Aún con ello, hay que tener presente un fenómeno cada vez más frecuente, el síndrome del burnout , del que suele hablarse poco cuando se trata de trabajadores por cuenta propia o emprendedores. Grimaldi apunta que vivimos en una sociedad enfocada en la hiperproductividad, lo que hace que este síndrome se padezca cada vez más. Y es importante saber hacerle frente: “Para combatirlo es necesario el descanso y el autocuidado como mencioné anteriormente, desarrollarnos en otros ámbitos que no sean solo el trabajo y estar en contacto con nuestra red de apoyo. También es importante que estemos atentos a las señales de que este síndrome puede estar iniciándose: estar agotado física y emocionalmente de forma persistente, falta de empatía y conexión con otras personas, dificultades en el sueño, sensación de estar en “piloto automático” o dudas constantes sobre la propia valía laboral, son algunas de las “alarmas” que tenemos que tener en cuenta y buscar ayuda profesional.”
Renovación o desgaste a largo plazo
Con el paso de los años, puede surgir un nuevo ciclo emocional generado por dudas o nuevas cuestiones que nos planteemos: ¿continuamos, nos expandimos, vendemos el negocio o nos desvinculamos incluso del proyecto?
La rutina puede hacer que el desgaste psicológico se haga palpable, dando como resultado una sensación de fatiga general. Beatriz Grimaldi aconseja plantearnos el proceso como una maratón o carrera a largo plazo y racionar bien nuestros recursos en base a ello.
“Pensar que es el principio y que puedo permitirme no dormir lo suficiente, saltarme comidas, estar “aislado” de mi círculo… son algunas de las creencias que nos llevan al desgaste pasado un tiempo. Aprovechar los recursos personales y sociales que tengamos a mano y buscar ayuda cuando lo necesitemos, son las claves para poder correr esa “maratón” sin tener consecuencias perjudiciales. Hay que saber que no siempre tendremos la misma motivación, habrá etapas en las que estemos más cómodos con nuestro negocio y otras en las que se nos hará un poco más cuesta arriba, pero siempre teniendo presente que nuestra salud física y mental va primero.” Beatriz Grimaldi, psicóloga sanitaria.
El viaje emocional de la persona que se inicia en un franquiciado es un aspecto poco visibilizado pero cada vez más relevante. Entender estas fases, prepararse para ellas y contar, como nos recomienda Grimaldi, con una red de apoyo adecuada, serán claves para un éxito sostenible.
Nuestro resumen en 5 puntos clave por L’Express Franchise IA
(verificado por nuestra redacción)
Aquí tienes un resumen en cinco puntos clave del artículo sobre el tema: “Del entusiasmo inicial al (posible) desgaste emocional: las fases psicológicas del franquiciado”
La fase inicial: entusiasmo y altas expectativas: El inicio de un negocio en franquicia suele estar marcado por un fuerte entusiasmo, optimismo y expectativas de autonomía económica y éxito rápido, impulsado por la confianza en la marca y el soporte del franquiciador.
El primer contacto con la realidad: Tras la apertura, la gestión diaria revela desafíos como gestionar emociones, personal, gastos y expectativas no siempre cumplidas, lo que puede generar frustración y desmotivación si no se maneja adecuadamente.
La adaptación y el riesgo de desgaste emocional: Superar el primer año puede conllevar fatiga, irritabilidad o insomnio, especialmente si los resultados económicos no alcanzan las expectativas. La gestión del tiempo, el autocuidado y pedir ayuda son claves para evitar el burnout.
La madurez y la estabilidad emocional: Una vez consolidado, el franquiciado alcanza una etapa de control y liderazgo con menor estrés, pero debe estar atento al síndrome del burnout, que surge por hiperproductividad y ansiedad por mantener el éxito.
Renovación y gestión a largo plazo: Con los años, pueden aparecer dudas sobre seguir, expandirse o desvincularse. La clave está en entender que el desgaste es normal, gestionar bien los recursos y priorizar la salud física y emocional para mantener un crecimiento sostenible.











